lunes, 17 de agosto de 2009

¿Qué se entiende por Ética profesional?

Todo el mundo comprende casi “por instinto” que la ética es un valor. Pero son muy pocos los que se dan cuenta del porqué y del alcance de la Ética.

Ser éticos no es nada fácil y pocas profesiones lo saben.

Abordar la ética desde el punto de vista de la administración presenta no pocas dificultades. Cuando hablamos de Ética profesional nos referimos a dos cuestiones bien distintas, dos campos diferenciados en cuanto a la lógica que los organiza. Por un lado, tenemos la dimensión normativa, y por otro la dimensión del sujeto con sus derechos y deberes como persona. Estos dos campos conllevan modos diversos de abordar cuestiones fundamentales. Si se hace énfasis en la norma, la deontología, los códigos y la ley en general constituirían el principal objeto de estudio. Esta perspectiva de la ética profesional presenta no pocos inconvenientes, el primero de todos es la imperfección propia de toda norma, que tiene su fundamento en el anonimato del individuo considerado por la ley.

Un segundo movimiento de la ética prefiere insistir no tanto en la ley sino más bien en la dimensión del sujeto, a su dimensión social y singular. Desde esta perspectiva, el sujeto ya no es anónimo, sino que tiene un nombre y un apellido, una familia y unos amigos, y un conjunto de relaciones que la ley no puede considerar en toda su riqueza y complejidad. De todos modos, la ética que hace énfasis en la dimensión del sujeto es una ciencia normativa porque especifica lo que es bueno y lo que es malo. La ética fija la “norma” de la conducta humana. Es una norma íntima al ser mismo del hombre, que se hace mejor al cumplirla o se envilece violándola. La acción humana sólo puede ser comprendida de modo adecuado si se asume el punto de vista del sujeto agente, si se la considera enmarcada en un proyecto interior que mira a un fin conocido y querido como bueno, siendo ese proyecto la razón que explica por qué se llega a tomar una decisión y no otra.

En general cuando se aborda el tema de la ética profesional se toma una de estas dos dimensiones dejando aparcada a la otra. En efecto, existe la posición de aquellos que toman como única referencia la letra de los códigos: qué está permitido y qué está castigado hacer a un periodista en sentido amplio. No siempre los profesionales demuestran un conocimiento cabal de las normativas, ya sea para ajustarse a ellos o para descartarlos. Una crítica –injustificada- que se hace a los profesionales que conciben así el ejercicio de su profesión es que tomar las normativas como referencia para su acción significará interrumpir y retrasar el trabajo, y desplazar el centro de atención hacia cuestiones que no son esenciales.

Otra posición, en cambio, prefiere obviar por completo las normas jurídicas vigentes. Se verifica la idea de una relación de exclusión entre el campo deontológico y la dimensión práctica del ejercicio periodístico. Se ve con escepticismo –incluso con cinismo- la relación entre la ética profesional y la dimensión ética del sujeto.

Como es sabido, la deontología refiere a los deberes relativos a una práctica determinada, los cuales están plasmados generalmente en los llamados “códigos de ética”. La ética profesional aborda el estudio de los derechos y deberes de los administradores, no sólo en su dimensión individual sino también social, en el contexto de una tradición y de unas costumbres sin las cuales no sería posible hablar de comportamientos éticos.

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